A 24 años de la Cantata de los Derechos Humanos
“Las amplias naves de la Catedral de Santiago, resonaron con la potente voz de Roberto Parada una tarde de noviembre de 1978. Sobrecogidos, los que repletábamos el templo, recibíamos con emoción apenas contenida el desgranarse del hermoso texto de Esteban Gumucio y las notas de la partitura inolvidable de Alejandro Guarello. El narrador, el coro, la orquesta, el grupo Ortiga, se unían en un todo para convertir ese espacio en un momento de gracia compartida, en una experiencia comunitaria que quedaría desde entonces profundamente marcada en nosotros con una intensidad intocada por los años”.
“Las amplias naves de la Catedral de Santiago, resonaron con la potente voz de Roberto Parada una tarde de noviembre de 1978. Sobrecogidos, los que repletábamos el templo, recibíamos con emoción apenas contenida el desgranarse del hermoso texto de Esteban Gumucio y las notas de la partitura inolvidable de Alejandro Guarello. El narrador, el coro, la orquesta, el grupo Ortiga, se unían en un todo para convertir ese espacio en un momento de gracia compartida, en una experiencia comunitaria que quedaría desde entonces profundamente marcada en nosotros con una intensidad intocada por los años”.