La cultura como espacio democrático de dinámica creativa
La sociedad chilena cuenta con un largo trayecto cultural e intelectual. Desde los inicios de la República, nuestra historia como país ha estado marcada por corrientes de creadores, debates entre vanguardias, confrontaciones de estilos, tensiones entre innovación y tradición y una notable capacidad de gestación de procesos de invención estética de carácter regional y local.
Esta amplitud ha ubicado al arte, de distinta factura y soporte, como un elemento de gran trascendencia en la sociedad civil. Sin embargo, y aunque el Estado y los diversos gobiernos han fomentado el desarrollo creativo durante buena parte de nuestra existencia, hemos adolecido de tres grandes problemas: institucional, recursos escasos y considerar que los recursos en cultura son un gasto y no inversión.
La sociedad chilena cuenta con un largo trayecto cultural e intelectual. Desde los inicios de la República, nuestra historia como país ha estado marcada por corrientes de creadores, debates entre vanguardias, confrontaciones de estilos, tensiones entre innovación y tradición y una notable capacidad de gestación de procesos de invención estética de carácter regional y local.
Esta amplitud ha ubicado al arte, de distinta factura y soporte, como un elemento de gran trascendencia en la sociedad civil. Sin embargo, y aunque el Estado y los diversos gobiernos han fomentado el desarrollo creativo durante buena parte de nuestra existencia, hemos adolecido de tres grandes problemas: institucional, recursos escasos y considerar que los recursos en cultura son un gasto y no inversión.