Del signo sonoro al signo visual
Documento en el que Olivia Concha Molinari presenta una experiencia de investigación desarrollada con niños y niñas de entre cinco y seis años en Reggio Emilia, orientada a explorar la relación entre sonidos, la motricidad fina y la representación gráfica. La propuesta surgió a partir de un largo proceso de experimentación sonora basado en juegos con voces, objetos cotidianos y materiales diversos, promoviendo la exploración libre, la escucha activa de niños y niñas y la reflexión del equipo acerca de los fenómenos acústicos.
La metodología se estructura en tres momentos: producción y exploración de sonidos por parte de los niños; escucha, análisis comentados con los adultos; transferencia de dichos juegos realizados a signos visuales. Tras un año de juegos y experimentaciones, la autora propuso a los niños representar gráficamente sonidos, intensidades, alturas y expresividades sin dibujar los objetos que los producían. Los resultados mostraron que los participantes fueron capaces de crear sistemas de simbolización propios, elaborando signos gráficos coherentes y comprensibles para ellos mismos, que posteriormente evolucionaron hacia partituras y sistemas de representación sonora.
El estudio aporta evidencias sobre la capacidad infantil para construir relaciones entre percepción auditiva, movimiento y representación simbólica, revelando procesos tempranos de abstracción, interpretación y creación de códigos. La autora sostiene que la práctica sistemática de juegos sonoros favorece el desarrollo psicomotor, la escucha, la imaginación y las capacidades de simbolización, constituyendo una vía significativa para la educación artística integral.
Documento en el que Olivia Concha Molinari presenta una experiencia de investigación desarrollada con niños y niñas de entre cinco y seis años en Reggio Emilia, orientada a explorar la relación entre sonidos, la motricidad fina y la representación gráfica. La propuesta surgió a partir de un largo proceso de experimentación sonora basado en juegos con voces, objetos cotidianos y materiales diversos, promoviendo la exploración libre, la escucha activa de niños y niñas y la reflexión del equipo acerca de los fenómenos acústicos.
La metodología se estructura en tres momentos: producción y exploración de sonidos por parte de los niños; escucha, análisis comentados con los adultos; transferencia de dichos juegos realizados a signos visuales. Tras un año de juegos y experimentaciones, la autora propuso a los niños representar gráficamente sonidos, intensidades, alturas y expresividades sin dibujar los objetos que los producían. Los resultados mostraron que los participantes fueron capaces de crear sistemas de simbolización propios, elaborando signos gráficos coherentes y comprensibles para ellos mismos, que posteriormente evolucionaron hacia partituras y sistemas de representación sonora.
El estudio aporta evidencias sobre la capacidad infantil para construir relaciones entre percepción auditiva, movimiento y representación simbólica, revelando procesos tempranos de abstracción, interpretación y creación de códigos. La autora sostiene que la práctica sistemática de juegos sonoros favorece el desarrollo psicomotor, la escucha, la imaginación y las capacidades de simbolización, constituyendo una vía significativa para la educación artística integral.
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